2017/05/18

Vuelta al principio

El caminante, maduro pero aún en forma, sabe que en varias encrucijadas de su recorrido se ha confundido. Que en la duda, ha optado por varios atajos equivocados, lo que le ha alejado del objetivo último de su travesía. Sabedor de sus limitaciones, se detiene al borde del camino en busca de una sombra junto a un arroyo, que le permita tomar aire, refrescarse y descansar, sentado sobre un viejo tronco de haya. En ese apartado rincón, tras reflexionar durante un buen tiempo, decidirá volver al punto de partida para poder recorrer de nuevo el camino, esta vez acertando en cada encrucijada que se le presente. Volver al origen y a los principios, a un mismo tiempo.

Esta es la metáfora que se podría aplicar al proceso de construcción nacional y social emprendido por un grupo de jóvenes estudiantes preocupados por su país a finales de los años cincuenta del siglo pasado. Más de medio siglo después hay que volver a empezar. No se trata de partir de cero, porque durante el trayecto se han construido herramientas políticas y sociales que cabe aprovechar, pero hay que utilizarlas de otra manera, con otra perspectiva, y sobre todo, con otro talante. 


Abandonada la vía político-militar, se trata de poner en movimiento una vía estrictamente política, pacífica y realizable. El problema es que no se puede abordar su puesta en marcha sin dejar a un lado métodos organizativos y formas de actuación caducas. Lo que hace dos o tres décadas se podía admitir, en aras de la eficiencia organizativa, ahora no tiene un pase. Una nueva cultura más democrática, abierta, dialogante, plural y horizontal tiene que sustituir, más temprano que tarde, a los viejos tics y a las eternas verticalidades. Si se quiere recobrar, de verdad, la credibilidad, es necesaria una auténtica revolución interna, que aún no se ha dado. Ha habido cambios, pero han sido insuficientes, por timoratos. 

No hay que tener miedo a lo que la gente piense y manifieste. Al contrario, si a algo hay que tenerle miedo es a que la gente deje de escuchar tu mensaje, a que te deje abandonado en una esquina, como si fueses un trasto viejo, inservible. El momento iniciático en el que un grupo de intelectuales orgánicos preparaba un programa y una estrategia cerrada, por muy correcta que fuera, y la extendía luego entre la gente, ya ha pasado. Los platos precocinados no funcionan en una sociedad cambiante, flexible, muy distinta a la de hace 30 o 40 años.

El tiempo juega en contra de los tímidos. Si no se aborda con prontitud la verdadera refundación del movimiento, sin complejos, a fondo y pese a quien pese, serán otros sujetos políticos quienes tomen el testigo de la rebeldía y el compromiso por una Euskal Herria mejor. El observador corriente y moliente, el analista superficial, vislumbra una lámina de agua en calma, con escaso oleaje. El observador más profundo, el que detecta el sonido del bosque en la oscuridad de la noche, sabe que bajo esa apariencia de calma se mueve una amplia gama de sinsabores, de quejas, de protestas ahogadas, de divorcios, de malestares. Tan solo un alto sentido de pertenencia a una comunidad socio-política hace de dique de contención, impidiendo que se desate la tormenta. Pero nada es para siempre.

Algunos de los que creímos a pie juntillas en la necesidad de la ciaboga, y seguimos valorándola como acertada, no supimos calcular en aquel momento histórico que lo uno puede llevar inevitablemente a lo otro, sin solución de continuidad. Que un cambio de estrategia puede acarrear un cambio de objetivos. Y que definiciones programáticas máximas, como socialismo revolucionario o liberación nacional, pueden estar dando paso a conceptos más amables, pero menos profundos, como socialdemocracia avanzada o soberanismo a la carta. 

Hay que repetir que la nostalgia es un error y que quienes intentan regresar al viejo camino intransitable, se volverán a equivocar. Pero al mismo tiempo, cabe recordar que el ansia libertaria surgida a finales de los años cincuenta no debería verse hoy amortizada con un programa que apenas dibuja la caricatura del original. ⧫ 

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