2017/10/19

La clave está en el artículo 5, no en el 155

El género humano se caracteriza, entre otras cosas, por querer hacer complicado lo simple. Nos debe gustar acumular dificultades, una encima de la otra, hasta convertir un problema fácil de resolver en un primer momento, en un jeroglífico indescifrable. Pese a que nos aproximamos al punto de saturación en el asunto de Catalunya, vuelvo en forma breve al mismo. Ya sé que por aquí se ha hablado de una chocante Republica Confederal de Euskal Herria (sic), pero tiempo habrá de hincarle el diente a esa novedosa pieza de ingeniería política.

Llevamos tiempo oyendo la matraca del artículo 155, un texto que por mucho que los expertos constitucionalistas lo afirmen, ni por lo más remoto estaba pensado para ser aplicado en conflictos como el que se vive ahora entre el Reino de España y Catalunya. Todo el santo día escuchamos pronunciamientos a favor y en contra de su aplicación. Y lo peor es que nadie sabe muy bien lo que puede llegar a ocurrir, porque hasta este momento nunca se ha utilizado. 

2017/10/07

La lucha de clases en Catalunya

Confieso que nunca esperé que el bloque soberanista hubiese llegado tan lejos en su empeño por librarse de la influencia de Madrid en Catalunya. Siempre creí que una coalición de fuerzas heterogéneas, desde el Partit Demòcrata hasta la CUP, pasando por Esquerra Republicana y las asociaciones cívicas y culturales, no iba a dar tanto de sí, ni que el señor Puigdemont, heredero imprevisto del legado de Artur Mas, fuera capaz de mantener el pulso durante tanto tiempo. 


Ya dejé escrito en el anterior comentario que mi coincidencia con la estrategia del citado bloque no es unánime, que estimo que hay cuestiones que no se han llevado bien y que ahora, tras el referéndum semiabortado del uno de octubre, se empiezan a ver con mayor nitidez. Tengo serias dudas de que la vía unilateral traiga los frutos apetecidos y entiendo que basar una Declaración Unilateral de Independencia (DUI) en los resultados de una consulta en la que no ha participado ni siquiera el 50% del censo total de catalanes sea un acierto. Es verdad que la intervención policial impidió que la participación fuese mayor, pero hay que reconocer que los resultados no son los satisfactorios que debieran ser, pese a ese 90% de síes en las urnas.